A continuación, les presento experimentos que a usted le podrían ayudar a resolver algunos problemas de diversas indole, no digo que ya lo he superado todo, pero he logrado cosas.
Practicando la natación
El enemigo más grande que tenemos la mayoría de los seres humanos es el miedo.
El miedo paraliza nuestras intenciones y propósitos; nos detiene, nos hace retroceder.
El miedo, la duda, la incredulidad, hacen que erremos el blanco.
Está es una anécdota personal. Una experiencia que me sucedió en la piscina de la Universidad Central de Venezuela.
Desde niño he tenido que sacudirme el miedo, la duda y la incredulidad de encima. (El trío imperfecto)
Hay que hacer evaluaciones y ser honestos con nosotros mismos, cuando realmente en la vida estamos siendo irresponsables, aprovechándonos en alguna situación, siendo oportunistas, admitiendo nuestras faltas y errores, pero también detectar y examinar, por el contrario, cuando los resultados desfavorables en cualquier ámbito, no corresponden ya a nuestra voluntad, sino que escapan de nuestro control por ser desapercibidas y malinterpretadas, y el miedo viene siendo el causante de alguna respuesta negativa.
El miedo escénico, el miedo interno, miedo a lo externo, inseguridad. (Si lo clasificamos, haríamos una lista)
¿Reconocemos en qué dimensión está operando nuestro enemigo?
Sea cual sea esa dimensión, apenas esté consciente; redúzcalo a nada.
Sea cual sea esa dimensión, redúzcala, y supere el miedo, asumiendo el reto.
1era Dimensión
Miedo
2da Dimensión
Miedo
3era Dimensión
Miedo
Redúzcalo a nada, desaparézcalo.
¿Qué es lo que a usted impide realizar sus metas, sueños, deseos, milagros?
1 Reducir el miedo a nada
2 Achicar la duda
3 Desintegrar la incredulidad
Afrontar los miedos, no lo podemos evitar.
El miedo se presenta en cualquier parte, en cualquier momento, para que nosotros lo afrontemos y lo derribemos.
Hace varios años, mis primos Sandra y Xavier, asistíamos frecuentemente a la piscina de la UCV, cuando no había práctica de ningún deporte; solo cuando estaba libre para cualquier persona.
Cada vez que íbamos, mi primo nadaba de un extremo al otro sin mucha dificultad, y yo que no sabía nadar, me conformaba en quedarme donde el agua no me sobrepasara el cuello, donde solo sintiera firme y seguros mis pies el fondo de la piscina, porque tampoco sabía muy bien flotar.
Yo deseaba intensamente aprender a nadar. Pero el miedo me paralizaba, me hacía temblar y sudar, algo parecido como cuando uno presenta una tesis, exposición, audición, conferencia, y no cuenta con esa seguridad para realizar bien el asunto.
Conocimos a Randy; un muchacho que entrenaba en la piscina, y a medida que conversábamos con él, surgió la idea de que él podía enseñarnos a nadar, se ofreció voluntariamente y aceptamos.
Todos los miércoles cuando la piscina de la UCV estaba sola y no había práctica, nosotros entrenábamos un poco.
Prácticamente, mi primo ya sabía nadar, y lejos de aprender a nadar yo también, lo que estaba era por enfrentar y superar el miedo a las aguas profundas.
Aprendí a chapalear con los brazos extendidos y las manos sujetas a la orilla.
Aprendí a flotar en la superficie de la parte menos honda de la piscina. No me atrevía a ir más lejos.
No pasó mucho tiempo, cuando uno de esos miércoles, coincidimos con la práctica de algunos entrenadores y sus alumnos, por lo cual no pudimos zambullirnos nosotros. Debíamos esperar que se desocupara; pero no fue así, porque llegaron más alumnos para prácticas de relevo.
Ese día pasamos a esperar, nos pusimos los trajes de baño, nos duchamos, y solo me senté a esperar.
Al otro extremo de la piscina olímpica, queda la otra piscina que es para darse puros clavados y que tiene varios trampolines nivelados.
Allí nadie entrenaba ningún deporte, pero sí había muchos niños.
Me senté a la orilla y solo mojaba mis pies. Y respiraba profundo a cada momento que recodaba que esa piscina tiene casi 11 metros de profundidad.
Sentía vergüenza de mi mismo, mentalmente me sentía tan inferior, rodeado de todos esos niños que se lanzaban al agua y yo solo observándolos y recibiendo salpicadas de agua en mi cara perpleja.
Una lucha interna me embargaba, se apoderaba más y más de mí. Deseaba entrar al agua pero no sabía nadar.
Albergaba en mí ser un miedo más profundo a los 11 metros.
Randy se acercó y me dijo: .- Oye, muchacho, ¿qué pasa? Por lo visto hoy no entrenamos, la piscina está ocupada. Será para la próxima vez.
Luego de haber pasado media hora, regresó y volvió a observarme allí, mojando la planta de los pies. Y me dijo: .- ¡Hey! Métete, al agua, nada te va a pasar. Si yo regreso en media hora y te encuentro así, ten seguridad que te lanzo.
Yo no le presté atención, pensé que no se atrevería.
Pasaron los 30 minutos más y yo tenía media tarde sentado en la orilla de la piscina de 11 metros profundos, mojando los pies nada más, cuando veo que Randy se acercaba corriendo con otros tres o cuatro muchachos más a lanzarme al agua.
¡Que susto, me pare inmediatamente y antes que me lanzaran, yo mismo me lancé al agua!
Más pudo el miedo a ver como todos corrían hacia mi a lanzarme, que el miedo a lanzarme yo mismo.
¡De chapuzón! Caí profundo, mis pies no tocaban fondo, muchas burbujas, precipitado, salí, miré el cielo azul y volví a sumergirme, tragando agua, un poquito más y gritaba auxilio pero la vergüenza lo impedía, me estaba ahogando.
Cuando me di cuenta que los muchachos se iban a lanzar para salvarme, no se de donde me salió tanto coraje que comencé a flotar y nadar hasta la orilla, y Randy me decía: .- ¡Lo lograste, lo lograste, nadaste, nadaste!
Nade solito al un extremo. Y perdí el miedo.
Sí perdí el miedo. Pude sentir lo sabroso que era estar suspendido en 11 metros de profundidad, sentí mis pies libres, y luego me lancé otros chapuzones más. Agarré confianza, rápido.
A partir de ese día, esos 11 metros se redujeron, su dimensión disminuyó significativamente.
Vencí el miedo.
El acceso a la piscina de la UCV fue cerrado a los particulares más adelante, por lo cual no pudimos asistir más. No volvimos a ver a Randy más nunca.
Cada vez que vamos a la playa, mis primos nadan y se van lejos,, en cambio yo, también nado pero hasta la boya.
Ahora me falta perder el miedo a llegar lejos nadando en la playa. Jajajaja
¿Y usted? ¿Está dispuesto a perder el miedo?
¿Qué te detiene? ¿Qué te paraliza?
Disminuye la dimensión de tus imposibilidades.
¡¡¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!!!
http://riachuelos.blogspot.com
http://trazosdetizaenpizarra.blogspot.com
http://arteorlako.blogspot.com
http://altisimapasion.blogspot.com

